Sobre las ansias… o los antojos

Las ansias… qué maldita forma de perder el tiempo.

No hay nada que me moleste más que las ansias. En vez de hacer cosas más productivas, NO… el cerebro reproduce imágenes de comidas procesadas. O planea a 100 por hora qué comer, cómo comerlo, cuánto comer. Qué estupidez.

¡Qué perdida de tiempo! ¡Cómo me enfurece haber perdido tantas horas, tantos días, tanto tiempo por culpa de este cerebro obsesionado!

Pero ¿en qué me ayuda quejarme así? ¿me devuelve el tiempo que perdí? NO… mejor intentar ver cómo hacer que mi cerebro se enfoque en las cosas que realmente me hacen bien, no en esas que me “hacen bien” solo un momento y después me dejan sintiéndome culpable y sin energía para nada más que dormir dormir dormir. Y así, no voy a tener que quejarme más ni lamentar más tiempo perdido.

Hace poco más de un mes (ya ni me acuerdo, de hecho, puede ser más incluso) que no como nada cocido. Todo crudo. A excepción del papel de arroz que uso para hacer rollitos de primavera con vegetales… No puedo ni empezar a describir cómo cambió mi vida. Nunca me había sentido como me siento ahora.

Sí, sigo teniendo momentos de ansiedad… sí, sigo sintiendo el monstruo compulsivo que se revuelve adentro mío… pero eliminé tantas otras cosas que molestaban: sentirme pesada, anestesiada, caer dormida de cansancio por haber tenido uno de esos malditos ataques… Mi mente piensa con claridad. Mi cuerpo se siente ligero. Me siento feliz la mayor parte del tiempo.

Pude eliminar, o casi, la adicción física a las toxinas de la comida cocida.  Ahora me queda la adicción sicológica.

Ahí el trabajo es más difícil, pero encontré varias técnicas en las decenas de libros que leí sobre el tema:

– Cada vez que se tiene un “antojo” por una comida en particular, intentar recordar en qué momentos se consumió esa  comida en el pasado. Por ejemplo, si son bollos:  en Argentina se desayuna con bollos. Dependiendo de cada familia, el desayuno puede ser un momento relacionado con: comenzar el día, el único momento en que se puede encontrar la familia completa. Si son, no sé, espaguetis: se puede relacionar con el almuerzo, encuentros con amigos, diversión, relax. Hay que encontrar con qué lo relacionamos emocionalmente, para luego tirar abajo esa ilusión de que SOLO con esa comida vamos a poder vivir esos momentos en familia o con amigos o relax, etc.

Darnos cuenta de que todos son hábitos. Y todos los hábitos se pueden romper. Es decir, si una noche antes de dormir queremos comernos todas las sobras de la heladera, saber que si no lo hacemos es un golpe más que le damos al “monstruo compulsivo”, y muy pronto ya nos vamos a sentir a la noche tan libres de compulsión como en cualquier momento del día.}

– Formar hábitos paso por paso: este a mí no me funcionó, pero creo que tiene mucho potencial. Se trata de adquirir de a poco hábitos que nos hagan sentir mejor. Por ejemplo, se puede mantener todo lo demás igual, pero cambiar cosas alrededor del desayuno: cambiar de lugar en donde se desayuna, cambiar de cosas que se desayunan, agregar una taza de té. Y hacerlo un hábito. Al principio será forzado, la costumbre nos va a hacer olvidar algunas cosas, pero hay que forzarlo. Luego, ya será algo natural y automáticamente haremos eso que antes nos parecía raro. Esta técnica tiene al menos algo positivo: nos prueba que TODO hábito puede modificarse. A mí hacerlo paso por paso no me sirve, pero a muchas personas sí.

Hacer una lista de las cosas nos daría esa comida con la que estamos antojados. Muchos ejemplos: tranquilidad, satisfacción, saciedad, felicidad, diversión. Generalmente, podremos ver en esa lista que todas esas cosas las podemos obtener de otros medios que nos nos harían sentir culpables después. Por ejemplo, si yo siento que un plato de espaguetis me va a dar, no sé, diversión… puedo mirar una película. O salir con amigos. O leer. O lo que sea. Si es saciedad, una manzana también lo haría. O dos. O tres.

– Vencer primero la adicción física para luego tener el camino libre para vencer la psicológica. Bueno, esta es para mí la más efectiva. Pero en mi vida. Esta técnica me ayudó muchísimo. Ya escribí el primer paso para poder realizar esta técnica, pronto escribo el segundo.

Tomar cada mañana un litro de licuado de hojas verde oscuras (acelga, espinaca, rúcola, etc) con un tipo de fruta/verdura favorito. Se puede mantener la dieta que hasta el momento se llevaba, no hay que cambiar más nada. La mayoría de la gente que hizo esta técnica afirmó que ya el segundo día dejó de tener antojos por dulces o carbohidratos. Yo no lo probé, porque no tengo licuadora; pero me entusiasma mucho la idea. Voy a escribir más en otro post, pero para empezar una regla de oro para hacer este consejo:  todos los licuados que hacemos, nos tienen que hacer agua la boca, nos tienen que gustar mucho. Si hay que poner más fruta, a poner más fruta. Si hay que poner un segundo tipo de verdura/fruta, y bueno, a hacerlo. Lo importante es que haya mucho verde y que no haya aceite o sal u otro agregado aparte de la fruta, los vegetales y los verdes. Ya me dirán cómo les fue :)

Hacer una lista de las cosas positivas que obtendríamos de no seguir nuestros impulsos. Por ejemplo: no estar cansado, no sentirse llena, no deprimirse, sentirse fuerte por haber logrado vencer el impulso, etc.

Reemplazo de pensamientos. Esta técnica es buenísima. Ayuda un montón. Otros consejos de quien escribió sobre esta técnica (David Wolfe): cada mañana visualizar la persona que se quiere ser. Cada noche, visualizar la persona que se quiere ser. Como sea, la imaginación es el límite: en la playa, radiante, tocando en una banda. Lo que sea… visualizarnos en ese lugar en donde queremos estar, sintiéndonos como nos queremos sentir. Se van a asombrar de qué rápido las cosas cambian en la dirección correcta… y esos antojos que generalmente son obstáculos para hacernos llegar a esa visión que tenemos de nuestra felicidad, los vamos a empezar a rechazar con naturalidad en muy poco tiempo…


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