Sobre las ansias… o los antojos

Las ansias… qué maldita forma de perder el tiempo.

No hay nada que me moleste más que las ansias. En vez de hacer cosas más productivas, NO… el cerebro reproduce imágenes de comidas procesadas. O planea a 100 por hora qué comer, cómo comerlo, cuánto comer. Qué estupidez.

¡Qué perdida de tiempo! ¡Cómo me enfurece haber perdido tantas horas, tantos días, tanto tiempo por culpa de este cerebro obsesionado!

Pero ¿en qué me ayuda quejarme así? ¿me devuelve el tiempo que perdí? NO… mejor intentar ver cómo hacer que mi cerebro se enfoque en las cosas que realmente me hacen bien, no en esas que me “hacen bien” solo un momento y después me dejan sintiéndome culpable y sin energía para nada más que dormir dormir dormir. Y así, no voy a tener que quejarme más ni lamentar más tiempo perdido.

Hace poco más de un mes (ya ni me acuerdo, de hecho, puede ser más incluso) que no como nada cocido. Todo crudo. A excepción del papel de arroz que uso para hacer rollitos de primavera con vegetales… No puedo ni empezar a describir cómo cambió mi vida. Nunca me había sentido como me siento ahora.

Sí, sigo teniendo momentos de ansiedad… sí, sigo sintiendo el monstruo compulsivo que se revuelve adentro mío… pero eliminé tantas otras cosas que molestaban: sentirme pesada, anestesiada, caer dormida de cansancio por haber tenido uno de esos malditos ataques… Mi mente piensa con claridad. Mi cuerpo se siente ligero. Me siento feliz la mayor parte del tiempo.

Pude eliminar, o casi, la adicción física a las toxinas de la comida cocida.  Ahora me queda la adicción sicológica.

Ahí el trabajo es más difícil, pero encontré varias técnicas en las decenas de libros que leí sobre el tema:

– Cada vez que se tiene un “antojo” por una comida en particular, intentar recordar en qué momentos se consumió esa  comida en el pasado. Por ejemplo, si son bollos:  en Argentina se desayuna con bollos. Dependiendo de cada familia, el desayuno puede ser un momento relacionado con: comenzar el día, el único momento en que se puede encontrar la familia completa. Si son, no sé, espaguetis: se puede relacionar con el almuerzo, encuentros con amigos, diversión, relax. Hay que encontrar con qué lo relacionamos emocionalmente, para luego tirar abajo esa ilusión de que SOLO con esa comida vamos a poder vivir esos momentos en familia o con amigos o relax, etc.

Darnos cuenta de que todos son hábitos. Y todos los hábitos se pueden romper. Es decir, si una noche antes de dormir queremos comernos todas las sobras de la heladera, saber que si no lo hacemos es un golpe más que le damos al “monstruo compulsivo”, y muy pronto ya nos vamos a sentir a la noche tan libres de compulsión como en cualquier momento del día.}

– Formar hábitos paso por paso: este a mí no me funcionó, pero creo que tiene mucho potencial. Se trata de adquirir de a poco hábitos que nos hagan sentir mejor. Por ejemplo, se puede mantener todo lo demás igual, pero cambiar cosas alrededor del desayuno: cambiar de lugar en donde se desayuna, cambiar de cosas que se desayunan, agregar una taza de té. Y hacerlo un hábito. Al principio será forzado, la costumbre nos va a hacer olvidar algunas cosas, pero hay que forzarlo. Luego, ya será algo natural y automáticamente haremos eso que antes nos parecía raro. Esta técnica tiene al menos algo positivo: nos prueba que TODO hábito puede modificarse. A mí hacerlo paso por paso no me sirve, pero a muchas personas sí.

Hacer una lista de las cosas nos daría esa comida con la que estamos antojados. Muchos ejemplos: tranquilidad, satisfacción, saciedad, felicidad, diversión. Generalmente, podremos ver en esa lista que todas esas cosas las podemos obtener de otros medios que nos nos harían sentir culpables después. Por ejemplo, si yo siento que un plato de espaguetis me va a dar, no sé, diversión… puedo mirar una película. O salir con amigos. O leer. O lo que sea. Si es saciedad, una manzana también lo haría. O dos. O tres.

– Vencer primero la adicción física para luego tener el camino libre para vencer la psicológica. Bueno, esta es para mí la más efectiva. Pero en mi vida. Esta técnica me ayudó muchísimo. Ya escribí el primer paso para poder realizar esta técnica, pronto escribo el segundo.

Tomar cada mañana un litro de licuado de hojas verde oscuras (acelga, espinaca, rúcola, etc) con un tipo de fruta/verdura favorito. Se puede mantener la dieta que hasta el momento se llevaba, no hay que cambiar más nada. La mayoría de la gente que hizo esta técnica afirmó que ya el segundo día dejó de tener antojos por dulces o carbohidratos. Yo no lo probé, porque no tengo licuadora; pero me entusiasma mucho la idea. Voy a escribir más en otro post, pero para empezar una regla de oro para hacer este consejo:  todos los licuados que hacemos, nos tienen que hacer agua la boca, nos tienen que gustar mucho. Si hay que poner más fruta, a poner más fruta. Si hay que poner un segundo tipo de verdura/fruta, y bueno, a hacerlo. Lo importante es que haya mucho verde y que no haya aceite o sal u otro agregado aparte de la fruta, los vegetales y los verdes. Ya me dirán cómo les fue :)

Hacer una lista de las cosas positivas que obtendríamos de no seguir nuestros impulsos. Por ejemplo: no estar cansado, no sentirse llena, no deprimirse, sentirse fuerte por haber logrado vencer el impulso, etc.

Reemplazo de pensamientos. Esta técnica es buenísima. Ayuda un montón. Otros consejos de quien escribió sobre esta técnica (David Wolfe): cada mañana visualizar la persona que se quiere ser. Cada noche, visualizar la persona que se quiere ser. Como sea, la imaginación es el límite: en la playa, radiante, tocando en una banda. Lo que sea… visualizarnos en ese lugar en donde queremos estar, sintiéndonos como nos queremos sentir. Se van a asombrar de qué rápido las cosas cambian en la dirección correcta… y esos antojos que generalmente son obstáculos para hacernos llegar a esa visión que tenemos de nuestra felicidad, los vamos a empezar a rechazar con naturalidad en muy poco tiempo…


Victoria Boutenko y sus 12 pasos para terminar con la adicción a la comida procesada | PRIMER PASO

Leí el libro “12 Steps to Raw Foods” (12 pasos a la comida cruda, cómo terminar con tu adicción a la comida procesada). Nada me había ayudado tanto con la bulimia.
Sí, hay muchas cosas que Boutenko escribe que no me llegan, pero en este libro encontré muchísimas respuestas.

Primero quisiera explicar para aquellas o aquellos que no están familiarizados con el tema, que la mayoría de los grupos de apoyo en adicciones (Alcóholicos Anónimos, Fumadores Anónimos, Comedores Compulsivos Anónimos, etc), están basados en 12 pasos para salir de la adicción.

Estos doce pasos son bastante exitosos para la mayoría de los participantes de estos grupos. Yo fui a un grupo de CCA y en algo ayudó.

Boutenko, inspirada en estos 12 pasos, escribió su libro para salir de lo que ella llama “adicción a la comida procesada” (o cocida). Voy a escribir los pasos en diferentes posts. En este, vamos a ver el paso número uno.

Lo primero es lo primero… ¿Qué son las adicciones?

El otro día hicimos un grupo debate sobre este tema. A esta misma pregunta, la respuesta fue parecida: es algo que no queremos hacer, pero no podemos dejar de hacer.

Empecé a fumar tabaco cuando tenía 13 años. En mis últimos años de fumadora, fumaba 40 cigarrillos promedio al día. 40 !!! Uff… imagínense el tiempo que eso consumía. Cuando dejé de fumar en el año 2007 no dejé de fumar porque me molestaba lo “insalubre” del cigarrillo (nadie niega que no sea sano); tampoco me importaba cuánto gastaba (aunque claro, no tenía plata de sobra). En aquel momento no pensaba en que los cigarrillos son testeados en animales no-humanos, pero dudo que hubiera dejado de fumar como protesta a la industria tabacalera en general; hubiera cambiado de marca a una que no testeara. A mí lo que me molestaba era la esclavitud de la adicción.
El cigarrillo tocaba cada parte de mi vida. Desde que me levantaba hasta que me acostaba mis acciones estaban limitadas por el cigarrillo.

Siempre preocupada de si tenía suficiente tabaco. De si se podía o no fumar allí a donde iba. Cuando iba al cine no veía la hora de que termine la película para salir a fumar un pucho. Cuando estaba de visita en algún lado era la única boluda que tenía que salir al frío checo para obtener una dosis de nicotina.

No era que el cigarrillo era una compañía placentera de mis actividades. Mis actividades eran una intrusión a mis momentos de fumadora. O algo así.

Cuando me liberé de la adicción, uffff… ahí empezó mi viaje por la liberación personal. Me di cuenta de mi adicción a otras cosas.
Me di cuenta de mi personalidad de adicta… tenía adicción a las relaciones, a la comida, al cigarrillo, etc etc.

Cuando uno descubre la dinámica de las adicciones en un área específica (en mi caso, el cigarrillo), después eso ayuda a reconocerla en otras áreas de la vida.

La adicción a la comida procesada no es conocida y no está socialmente aceptada como existente. Cuando un adicto a la comida cocida manifiesta su adicción, recibe miradas incrédulas, risas, ataques, etc. Yo creo que esto es un sistema de defensa inconsciente: reconocemos ciertos síntomas de adicción en nuestra propia vida, pero nos haría de alguna manera daño verlos, entonces saltan las defensas.

Hay varios tipos de adicción a la comida procesada (procesada, porque la mayoría no tiene ansiedad por comerse una manzana, sino por comerse un chocolate). Aquí encontré en español algo que puede ayudar a comprender los tipos de adicción: http://www.conscienciaviva.com.ar/clases/cuatro-niveles.html

El nivel de adicción emocional se puede tener por cualquier tipo de comida. Es por eso que muchas personas que no consumen comida procesada siguen padeciendo de adicción, pero emocional.

Eso puede explicar porque muchas personas dicen tener dificultades para dejar ciertos productos procesados. Al rodearme de gente que rechaza el especismo (lo que en la práctica significa, entre otras cosas, que no consume productos que provengan de la explotación de animales no-humanos (los humanos somos también animales)) escucho a varias personas decir lo que les costó dejar de consumir productos lácteos. Hasta que no leí sobre la posible existencia de adicción a alimentos procesados, no se me había cruzado por la cabeza que algo así era posible. Pero ahora que lo pienso, ¡es clarísimo!. Y esta dificultad de erradicar la leche de otras especies de nuestra alimentación, incluso teniendo un motivo tan fuerte como es el rechazo a la opresión de esas madres a quienes se les explota por la leche; es una prueba clarísima.

El querer y no poder es una prueba clarísima.

Hay varios cuestionarios en el libro de Boutenko; y hay uno cortito que me pareció muy directo:

1) ¿Intentaste alguna vez dejar de comer algún tipo de alimento en especial? (pan, bollos, chocolate, carne, pochoclos/palomitas de maíz, helado, café, queso, yogures, azúcar, etc) SÍ / NO
2) ¿Intentaste dejarlo más de una vez? SÍ / NO
3) Sí respondiste “sí” a la pregunta anterior, ¿podrías intentar explicar por qué tuviste que hacer más de un intento?

Aclaro que, personalmente, no voy a por el “si no es sano, hay que rechazarlo”. Es decir, mi meta personal no es dejar de consumir productos procesados porque adoro la salud. No aplico el veganismo en la forma en que me alimento porque piense que sea algo sano, sino porque pienso que es lo único coherente hablando de justicia. Quizás es bueno repetir de vez en cuando que el veganismo no es una dieta ni sus motivos están relacionados con la salud de los animales humanos. El veganismo es una filosofía que se basa en el respeto a todos los animales sintientes, que no somos solo los humanos. Y se le llama así también a la práctica de dicha filosofía, en diferentes ámbitos: entretenimiento, vestimenta, alimentación, etc. En este blog se habla específicamente del ámbito alimenticio; y únicamente porque la bulimia puede influenciar nuestra actitud al respecto, pero NO porque la bulimia esté relacionada con el veganismo en algún sentido. Espero esto sea claro…

Uno de mis motivos para combatir la bulimia es el tiempo que consume en mi vida este problema. Quisiera poder usar ese tiempo en cosas más constructivas. Quiero ser dueña de mi tiempo, no quiero que algo externo me controle a tal extremo que me deje inactiva por días, semanas, meses; contra mi voluntad… como a veces me pasa con la bulimia.

No estoy tachando a quienes adoran la salud de nada. Me parece perfecto que haya personas que quieran vivir lo más sanamente posible. Yo tengo otras prioridades en este momento.

Todo o Nada: Cómo lograr prevenir, antes que curar, cuando hablamos de adicciones.

Hay dos tipos de comedores:
– Los normales (en busca de una palabra mejor)
– Los compulsivos

Los normales comen cuando tienen hambre. Dejan de comer cuando están saciados. No tienen pensamientos intrusivos sobre comida. No resuelven nada extra referente a la comida. Comen y punto. Si consumen sin hambre, por el placer que le da cierta comida, no les produce angustia, culpa, ni los deja pensando en cómo “limpiarse”.
Los compulsivos tienen una relación obsesiva con la comida. Comen, no cuando tienen hambre, sino cuando quieren tapar otras cosas: miedo, angustia, dolor, soledad, ansiedad, aburrimiento, etc. Cuando comen alguna comida “negativa”, se sienten culpables y no dejan de pensar en cómo “limpiarse”. Cuando no están comiendo, la comida forma parte de sus pensamientos. Sus planes giran en torno a la comida.

Esto es evidentemente diferente para cada persona. Algunos comedores compulsivos no están TODO el tiempo pensando en comida. Otro sí.

Podemos poner un ejemplo claro de adicción para hacer una comparación. El tabaquismo es todavía socialmente aceptado. El alcoholismo no. Entonces usemos ese ejemplo:

Yo no soy alcohólica. Por eso, puedo pasar una semana completa emborrachándome con amigos y luego la semana siguiente no pensar en alcohol, no desear alcohol. Es decir, no tengo una relación obsesiva con el alcohol. Puedo consumirlo sin que me haga ningún daño sicológico. No soy bebedora compulsiva.

Ahora los alcohólicos tienen otro problema. Si consumen medio vaso de vino, ya no pueden parar sin sentir privación. Cuando no están tomando alcohol, piensan en el alcohol. Tienen pensamientos intrusivos sobre el alcohol. El alcohol los llama. Para ellos es todo o nada: o toman alcohol siempre o no toman alcohol nunca. Un alcohólico recuperado incluso por años no puede disfrutar de un vaso de cerveza como yo; porque caen otra vez en el alcoholismo. Son bebedores compulsivos.

Entonces… está esa regla para quienes, lamentablemente, somos adictos a algo: no existe tal cosa como “un poquito nada más”, “solo por esta vez”. Es todo o nada.
Es o fumo del todo o no fumo nada. Conozco personas que fuman de vez en cuando, cuando están en fiestas… y no sufren. Una característica de estas personas es que nunca en su vida fueron fumadores.

Los que fuman de vez en cuando pero fueron fumadores alguna vez en el pasado, es porque se están controlando. Necesitan usar lo que llaman “la fuerza de voluntad”.

Cuando estuve en Madrid en diciembre del 2010 probé un cigarrillo no porque lo quisiera, pero para evitar posibles ataques de bulimia. A ése le siguió otro, otro, otro, otro… y ya estaba enganchada otra vez. Y tuve que hacer nuevamente ese curso realmente efectivísimo (http://www.comodejardefumar.com/), que había hecho en 2007. Y ahora nuevamente es como si nunca hubiera fumado en mi vida. No lo extraño. No lo necesito. No pienso en el cigarrillo. No invade mis pensamientos. Ni me acuerdo… Pero sé que no existe tal cosa como “una pitada” para mí.

Para el adicto no existe la “fuerza de voluntad”. La fuerza de voluntad es una ilusión. ¿Cómo alguien puede “aguantar” 1440 minutos al día algo que le llama con tanta fuerza? ¡Se volvería loca esa persona! Si un pensamiento nos ataca constantemente y tenemos que “con fuerza de voluntad” aguantarlo, ¡no sobreviviríamos! | La única forma de terminar con esos pensamientos intrusivos es eliminar la fuente de esos pensamientos de nuestras vidas. Si somos adictos al cigarrillo, la única forma de ser no fumadores felices es dejando de fumar 100%… sin tener el “de vez en cuando” que nos mantiene en un círculo de “fuerza de voluntad” que nos destruye de cansancio emocional.

¿Cómo reconocer en qué grupo estoy?

El cuestionario de Victoria Boutenko en su libro: “12 pasos a la comida cruda, cómo terminar con tu adicción a la comida procesada”, nos da una ayudita para que empecemos a notar señales de compulsión. La clave está en conocerse a uno mismo. Intentar derribar el obstáculo más grande: la negación.

Responder o no. En caso de que la respuesta sea “a veces”, “quizás”, “de vez en cuando”; responder .

Escribo en género masculino, pero el cuestionario es para todas y todos.

  1. Si no tenés hambre, pero alguien te ofrece tu plato favorito, ¿aceptás la oferta?
  2. Si sabés que no te hace bien comer antes de ir a acostarte, pero hay preparado tu plato favorito, ¿lo comés?
  3. ¿Comés más de lo normal cuando estás estresado?
  4. ¿Seguís comiendo hasta que tu estómago está completamente lleno?
  5. ¿Comés cuando estás aburrido?
  6. ¿Notás por la calle carteles de restaurantes, aún cuando no tenés hambre?
  7. Si te ofrecen ir a una cena gratis, ¿aceptás siempre la oferta?
  8. ¿Comés de más, a menudo, en los buffets libres?
  9. ¿Rompiste alguna vez una promesa a vos mismo de que no ibas a comer antes de ir a dormir?
  10. ¿Te gastarías los últimos 10 euros en tu comida favorita?
  11. ¿Te premiás con comida por cosas que salen bien?
  12. ¿Preferís comer de más cuando hay comida que podría expirar? (en vez de tirarla, etc)
  13. Si sabés que comer algo que te gusta te va a hacer sentir muy mal después, ¿lo comés de todo modos?

Si respondiste a 3 o más preguntas con un “sí”, puede que estés en el grupo de “comedores compulsivos”. Pero no te asustes, si notás algún síntoma de compulsión en vos mismo, no te juzgues ni te sientas mal o culpable. Se puede salir de esta y de todo tipo de adicción. Seguí investigando. Seguí mirándote. Seguí conociéndote.

Ya pasaste el primer paso:  admitir que no tenés control sobre la comida, que hay algo que te hizo perder control de tu vida.

Y ésa no es una prueba de debilidad que nos hace inferiores.

Admitir nuestras debilidades, es una de las cosas que más fortaleza requiere.

¡SEGUÍ ASÍ!

Pronto escribo sobre el paso número dos.

Reemplazo de pensamientos

Dicen que los pensamientos se hacen realidad. Como que influencian nuestro día a día, nos arman por dentro y por fuera. O nos desarman.
Me costó interiorizar esa información… Me costó creerlo. ¿Simples pensamientos, gobiernan mi vida?
Es que… cuando algo no se ve y no se toca, es más difícil de asimilar.
Cuesta entender que no hace falta fuerza física para obligarme a hacer algo que no quiero hacer. Basta con un pensamiento tan fuerte, que me convenza de hacer eso que no quiero hacer. Es casi increíble, ¿no?…
Por eso me gustó la película Inception: una simple idea tiene una fuerza tremenda. Puede cambiar tu vida radicalmente. Y cosas externas son las que generalmente implantan esas ideas en nuestras cabezas.
Desde que vi esa película entendí mejor lo que venía leyendo en libros de pensamiento positivo y diálogo efectivo durante años: un simple pensamiento puede ser la base de todo.

Mejor que ese pensamiento sea constructivo.

Si hay algo en lo que creo, ahora, es:
Podés ser quien quieras. Lo que quieras. Cuando quieras. Solo tenés que empezar a serlo.
Y es verdad… Es verdad, es verdad. Podés levantarte cada mañana y ser quien quieras ser. Porque… “no sos lo que sos, sos lo que podés llegar a ser”; sos tu potencial. Y si nos mantenemos enfocados en nuestro potencial, llegamos lejos. Si nuestros pensamientos se basan en cosas que queremos, en las que creemos, cosas que sabemos nos hacen bien… entonces lo que se construya de nuestro “ser” (verbo) va a ser eso que queremos, eso en lo que creemos y eso que nos hace bien.
No hay otra. Es una fórmula perfecta.

Lo veo con el activismo, por ejemplo… veo a las compañeras y compañeros de la organización Igualdad Animal — Todo lo que se proponen, sale. Porque así lo quieren. Trabajan con ese fin: que salga. Tuve la suerte de verlo desde adentro por un ratito… ¡cómo te llena de energía ver tanta energía!… y me dejó pensando en compromiso, confianza, proyectos. Y en lo importante del enfoque… de lo importante que es dónde concentramos nuestra energía. Y que creamos en nuestro propio proyecto.

¿Cómo se relaciona esto con la bulimia? Bueno… la adicción a la comida es algo incontrolable. Es igual de incontrolable que el alcoholismo, el tabaquismo, etc. Dejamos de ser quienes controlan la situación… nos controla la ansiedad. El miedo. El pánico, diría.
No es constante… todo empieza con un simple pensamiento que desencadena todo lo demás. Si nos agarra desprevenidos, como sucede la mayoría de las veces, es difícil pararlo…

Pero… cuando hay un proyecto claro, con una estrategia clara; es mucho más fácil… Cuando se quiere… se puede. Frase trillada, pero tan cierta.

Por ejemplo:
El plan a largo plazo de Érica es tomar control sobre su vida.
Utiliza la técnica de Reemplazo de Pensamientos…
Para eso tiene que concentrarse en las cosas que quiere hacer y deshacerse de esas que no quiere. Parece obvio, pero a veces no es tan simple.
Una de las cosas que Érica no quiere es tener ataques de bulimia por las noches. Sabe que todo empieza cuando llega a casa, cansada, sola y no tiene una tarea específica planeada. O después de una llamada telefónica que la pone mal. O después de ver algo que no le gustó. O de recordar algo que no le gustó. O de que algo le haya salido mal. O después de una discusión con su pareja. O con quién sea.
Como sabe que tiene que concentrarse en las cosas que quiere hacer (por ende, evitar las que no quiere); tiene que tener claro QUÉ cosas quiere hacer.
Cuando se sentó a ennumerarlas, se dio cuenta de que quiere, entre muchas otras cosas, terminar los 3 libros que la esperan en su mesita de luz. También, que quiere terminar de pintar ese cuadro que empezó hace meses. Quiere preparar la presentación del proyecto vegano que le da vueltas por la cabeza desde hace un tiempo. Quiere responder a los mails que están pendientes. Quiere empezar el http://www.100pushups.info/ … bueno, mil cosas. Pero al menos tiene algunas ya listadas.
Entonces, llega a casa del trabajo. Cansada. Agobiada. Apenas entra, se le llenan la cabeza de pensamientos sobre qué comer primero, qué comer después de terminar de comer eso que acaba de pensar. Cómo anestesiarse, para dejar de pensar. Para que el tiempo pase sin sentirlo.
Ahí entra el reemplazo de pensamientos. Al principio requiere un poco de voluntad (bien sabemos que escasea): Érica se concentra en lo que quiere. Con la poca energía que tiene ahora, ¿es mejor leer un libro, responder mails o dibujar?
Se decide por esto último, todo así sin pensarlo dos veces. Si es necesario gritarse mentalmente, se hará. Yo prefiero el método tranquilo… pero algunas personas se gritan un “Calláte ya, que eso no es lo que quiero hacer”.
Es como hablarle a otra persona, a veces es el mejor método. Hacer de cuenta que esa persona que desea ácomer hasta explotar no somos nosotros mismos, es alguien que vive adentro y que nos quiere tentar. Nos quiere obligar a que caigamos en eso. Hablarle a esa persona como si fuera un “otro”, una “otra”… ufff… cómo ayuda.
Entonces, este reemplazo de pensamientos sería algo así como hablar más fuerte que esa persona que nos quiere llevar donde realmente no queremos ir. Es tapar lo que dice con algo que realmente sí queremos escuchar, algo que realmente sí queremos hacer.
Cuando nos dice: sos terrible. Hablar más fuerte y decir: sos única. Sos único. Cuando nos dice: comé, comé, comé. Decirle: sé cómo me siento después, quiero hacer algo que me haga sentir bien desde el principio hasta el final e incluso más allá.

¿Queremos realmente hacer algo que nos hace sentir mal después de haberlo hecho? ¿Y que no nos deja nada de nada, ni a nosotros ni a nadie más? No lo creo. Entonces es ese otro viviendo adentro nuestro, que nos quiere convencer en esos momentos de flaqueza, que nos va a hacer bien hacernos mierda por un ratito.

A %d blogueros les gusta esto: